Miércoles de Ceniza
El Inicio de una Transformación en Pareja
El Miércoles de Ceniza marca un hito en el calendario espiritual. Para muchos, es un rito tradicional; para nosotros, es una invitación a detener el ruido externo, hacer una pausa en el activismo diario y “Volver al corazón”.
Este artículo es una invitación a entender que la Cuaresma no es un tiempo de tristeza, sino un entrenamiento de 40 días para que nuestro matrimonio aprenda a amar con la misma pureza con la que Dios nos ama. No caminamos solos; buscamos que el polvo de nuestras debilidades se transforme en el abono de una vida nueva.
1 ¿Qué es y de dónde viene esta tradición?
El Miércoles de Ceniza inicia la Cuaresma (del latín quadragesima o “cuarenta días”), recordando el tiempo que Jesús pasó en el desierto en oración y ayuno. Para nosotros, representa la preparación antes de la gran alegría de la Resurrección.
El origen de la ceniza
Bíblicamente, la ceniza es signo de humildad. Se obtiene quemando las palmas del Domingo de Ramos del año anterior, recordándonos que la gloria del mundo es pasajera y que lo único que permanece es el amor de Dios.
“Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás” o “Convertíos y creed en el Evangelio”.
El Desierto Matrimonial
A menudo tememos al desierto, pero para un matrimonio es el espacio donde el ruido del mundo se apaga. Es el lugar para escuchar la voz de Dios y la del cónyuge, fortaleciendo nuestra unión sacramental lejos de las distracciones diarias.
Las Tres Columnas de la Cuaresma
Oración
Propongan 5 minutos antes de dormir para agradecer por una virtud que vieron en el otro.
Ayuno
Es un ejercicio de dominio propio. Fortalecemos la paciencia para con el otro.
Limosna
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4 Ayunos Matrimoniales
De la crítica: Cambiar el reclamo por palabras de afirmación.
De la indiferencia: Sustituir el silencio por diálogos sinceros.
De las pantallas: Crear zonas libres de móviles para conectar con la mirada.
De la razón: Entender que la paz del hogar vale más que ganar una discusión.

“Crea en mí, Señor, un corazón puro.”
(Salmo 51,12)
Vivir en comunidad vale la pena








