¡Qué alegría y qué bendición tan grande hemos vivido! Aún con el corazón latiendo de emoción, queremos compartirles la increíble experiencia de nuestro IX Encuentro de Parejas, "Sanando juntos en el amor de Dios". Fue un fin de semana especial que nos regaló Dios para detenernos, mirarnos, escucharnos y, sobre todo, reencontrarnos en Su amor. Las parejas llegaron con sus historias únicas, llenas de gozo y también con heridas abiertas, listas para entregarlas al Señor que las conoce y desea restaurarlas. Y Él, fiel a Su promesa, obró de manera maravillosa.
El encuentro se encendió el viernes por la noche con la Eucaristía de Acción de Gracias en la Parroquia de la Divina Providencia, un primer paso lleno de gracia que fue el anticipo de lo que se viviría. Luego, el sábado a primera hora, fuimos recibidos en el Centro de Espiritualidad Madre Bernarda con un cálido abrazo de bienvenida por parte de la koinonía de acogida. Fue un recibimiento alegre y revitalizante que nos recordó ese sagrado momento en el que, con la bendición de Dios, dijimos "sí para siempre".


Un momento muy emotivo del encuentro fue el homenaje al Padre Arnaldo Galvis. Hace 18 años, cuatro parejas jóvenes se reunían en oración en un pequeño salón de la Parroquia de la Divina Providencia, soñando con un grupo que fortaleciera el amor conyugal. Fue el entonces párroco, el Padre Arnaldo, quien acompañó ese momento fundacional con su guía y su oración. Tuvimos el privilegio de recibirlo nuevamente y ofrecerle un sentido homenaje por haber sido instrumento de Dios para el inicio de esta gran obra: "Alianza de Amor". Con palabras conmovedoras, nos recordó cómo Dios ha sido fiel y cómo el amor sembrado con fe sí da fruto... ¡y mucho!
Nuestras mentes y corazones se nutrieron con enseñanzas profundas que se convirtieron en el camino hacia la sanación. La primera, "UNIDOS A LA VID: CRISTO", nos recordó que Él es el fundamento de nuestro amor, la fuente inagotable de toda gracia. Luego, con "AMOR QUE SANA (El amor de Dios, fundamento de nuestro amor)", descubrimos que el amor que compartimos no es solo nuestro, sino un reflejo del amor fiel, paciente y misericordioso de Cristo.
Un momento de gran valentía y honestidad se vivió en la enseñanza "SANAR PARA AMAR (Reconociendo nuestras heridas y dificultades)". Fue un tiempo de introspección para sanar lo que necesitaba ser sanado, de abrirnos a las heridas del pasado para que la luz de Dios pudiera entrar y transformarlas. Con Él, todo puede ser sanado.

Pero el punto más alto del fin de semana fue la gloriosa noche del sábado. El Espíritu Santo se manifestó con poder en un momento de oración y efusión del Espíritu Santo, liderado por el Padre Rafael Salazar. En un ambiente de paz y amor, algunas parejas danzaban, otras oraban fervientemente, y muchos eran tomados por la gracia de Dios.
Luego de la efusión del Espíritu, las parejas disfrutaron de una velada con el Señor, un espacio de intimidad y recogimiento al aire libre. Bajo las estrellas, en una atmósfera de profunda paz, las parejas oraron, alabaron y dieron gracias, expresando sus intenciones en un acto de entrega muy especial a los pies de Jesús.
Y la noche no terminó allí. Después de la velada, el Santísimo permaneció expuesto y las parejas se turnaron para hacer una vigilia de adoración durante toda la madrugada. Fue un tiempo de profunda intimidad con el Señor, donde, en el silencio de la noche, intercedieron unos por otros, presentaron sus necesidades y experimentaron una paz que solo Él puede dar. De esta madrugada espiritual surgieron muchos de los testimonios de fe que hoy nos llenan de alegría.

El domingo, iniciamos el día con el Santo Rosario, pidiéndole a nuestra Madre María que intercediera por nosotros. Este acto de fe nos preparó para la última enseñanza, "CAMINANDO JUNTOS EN UN AMOR RENOVADO (Dios nos da vino nuevo)", el culmen de nuestra travesía. Fue allí donde, en medio de la Eucaristía, renovamos nuestras promesas de amor y sellamos con el Señor nuestra alianza.


Y no podemos dejar de mencionar la valentía y la fe de las parejas que, con el corazón en la mano, compartieron sus testimonios. Sus palabras nos conmovieron y nos recordaron que la sanación es real y visible. Aquí les compartimos algunos de ellos:
Hace tres semanas, por un mareo intenso, identificamos que mi hemoglobina estaba en 7,4. Me sentía muy débil, con mareos permanentes y una fatiga que me impedía hacer incluso mis actividades diarias. A pesar de los medicamentos y una dieta muy intensa, mi mejoría era muy lenta. Un día me sentía mejor y los dos siguientes, otra vez mal. hasta el último día, dudamos si podría asistir al encuentro. Mi esposo ofreció nuestros cupos para que otra pareja pudiese asistir, pero la voluntad se de Dios no es la nuestra. Con un acto de fe, reuní las fuerzas que no tenía y me presenté. Y fue allí, en ese lugar, donde el Señor actuó con poder. Hoy, con el corazón rebosante y lleno de agradecimiento, puedo dar testimonio de que estoy sana y que Dios hizo una obra maravillosa en mí. El cambio fue impresionante, mis fuerzas, mi ánimo, mi vitalidad, incluso mi semblante, dan testimonio por mí para la gloria de Dios. En mi corazón solo hay agradecimiento con Dios y con cada persona que participó e hizo posible este encuentro.
Salimos de este encuentro renovados y listos para volver a casa con un corazón lleno de la gracia de Dios y un vínculo más fuerte.
Queremos expresar nuestra inmensa gratitud a la pareja invitada, Iris y Alex, por su valioso testimonio y entrega. También a nuestros talentosos hermanos Cesar, Marigel y su esposo Pedro, que con su música nos elevaron en la alabanza y la oración. Y por supuesto, a Dios por cada pareja, por cada servidor y por el grupo base.



¡Qué la alegría del Encuentro permanezca en todos sus corazones!




























